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Las artes escénicas resultan demasiado abarcadoras: el teatro, la música y la danza. Elementos teatrales se hayan dispersos también en el arte circense, las marionetas, el teatro para niños, el performance, la ópera y el cabaret. El teatro, propiamente dicho, estuvo bien representado en el Fórum. Desde unipersonales de variada calidad, como la admirable producción de Les Deux Mondes de Quebec, con Lyne Rodier haciendo el papel de una niña que habita un mundo entre fantástico y onírico, sostenido por un equipo técnico de una sincronía y precisión ejemplares.
El teatro de sombras de Richard Bradshaw es mucho más que un simple juego de imágenes proyectadas en una pantalla, lo suyo es un acercamiento a la fábula desde muchos ángulos; sus pequeñas historias, cuentos cortos, nos hablan de la fragilidad y de la esperanza, nos divierten pero nos abren a los mundos de un absurdo más bien frugal.
En la Carpa Títeres del Fórum se está montando esta semana, el espectáculo del australiano que llevó a los niños a gritar constantemente “otra, otra”, ante cada mini historia que presentaba Bradshaw en la función de estreno.
La adopción es el problema que está en el centro de la pieza teatral Malas palabras, que su autora y directora Perla Schumacher presenta en el Carpa Teatro.
Malas palabras es un espectáculo unipersonal que comenzó a montarse en el 2001 y que a la fecha ha ido acumulando puestas en distintos estados del país, nos dice la autora y directora.
Los niños desde siempre juegan a lo mismo, a saltar por el mero placer de saberse despegados del suelo por unos instantes, a bailar por la sorpresa de conocer el movimiento de su cuerpo, a balbucear palabras en idiomas inventados adelantando el parloteo sin significado, del que muchos adolecen en edades más avanzadas.
Es como un sueño del que uno no está seguro de querer despertar, o esa novela apasionante donde dar vuelta a la página trae alegría por las nuevas letras y tristeza por el acercarse al final. Seguro será diferente para otro espectador, porque en el teatro de las sombras uno no es público sino viajero, los actores son habitantes, y cada quien construye su propia historia.